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Diferencia entre Ancianidad y Vejez

20/09/2018

 

Ancianidad y Vejez son palabras que con frecuencia metemos en un mismo paquete, pero tienen sus diferencias.

 

El diccionario de la Real Academia presenta a los dos conceptos, ancianidad y vejez, como sinónimos, pero ofrece algunos ejemplos sutiles que llevan a la reflexión. Lo obvio es, en este caso, también significativo: Anciano (letra A) figura al comienzo y Viejo (letra V) al final.

 

La palabra "anciano" deriva de "ante", y ya se utilizaba a mediados del siglo XIII; otros sinónimos que aparecen son "patriarca" y "abuelo", los cuales transmiten en sí mismos una sensación de ancianidad sabia y respetable.

 

Por su parte, la palabra "viejo" ostenta también algunos sinónimos tales como "deslucido" y "estropeado por el uso", que hacen innecesario agregar comentario alguno.  Etimológicamente deriva del vocablo "vetus", y su evolución fue la siguiente:

 

  • En el siglo XVII, veterano.

  • En el siglo XIX, veterinario. El significado tenía relación con las bestias de carga, es decir, animales viejos, impropios para montar y que necesitan de un veterinario más que los demás.

  • En el siglo XIX, vetusto. (muy viejo)

 

De tal modo, si aplicamos estas reflexiones a la biografía, debe hacerse una diferenciación sustancial cuando un ser humano deviene viejo o anciano.

 

Vamos a desarrollar los dos estados arquetípicos: ancianidad y vejez.

 

Observando el siguiente cuadro, surge con claridad la diferencia radical entre ambos arquetipos.

 

Vejez

 

  • Golpea con fuerza la conciencia de la madurez de quien la observa.

  • La decrepitud, el deterioro de la forma y la desconexión con la realidad circundante se presentan ante nosotros como una pésima caricatura de lo que fue.

  • El automatismo semiconsciente, el malhumor y un monótono parloteo estimulan la necesidad de ignorar la presencia del "viejo".

  • La debilidad del que grita y golpea se hace realidad ante nosotros.

  • El viejo vive sumido en el egoísmo y la desconfianza.

  • Tiene muchos miedos, le teme a la muerte.

  • No existe la propia responsabilidad, la culpa siempre es ajena.

  • Celebra su cumpleaños, o sea la cantidad de años vividos, y no sabe porqué.

  • Vegeta, vive biológicamente.

  • El destino es un geriátrico, al que le teme.

  • La esclerosis de los órganos de los sentidos lo aísla cada vez más del mundo.

  • Vive preso del cuerpo y de la vida.

  • El espíritu se ha desconectado del cuerpo físico.

  • Es su MUERTE.

 

 

Ancianidad

 

  • La imagen del anciano está unida a la sabiduría y el respeto; dos altos valores que hablan de la dignidad humana.

  • La sensación de transitoriedad que deja traslucir ahora su vida, le brinda algo positivo: una conciencia cada vez más clara de lo que le pasa, de lo que es eterno. Sabiduría es aquello que surge cuando lo absoluto y lo eterno se manifiestan en la conciencia finita y transitoria arrojando luz sobre la vida.

  • Su fortaleza interior le permite callar y escuchar. El anciano aprendió a escuchar y sabe cuándo debe callar.

  • Cuando habla, su discurso siempre denota una cosmovisión del mundo.

  • La reflexión, la prudencia y la oportunidad son sus características.

  • Sabe perdonar y agradecer.

  • Asume la responsabilidad de sus propios actos.

  • Aprendió a confiar y no teme que lo engañen.

  • No tiene miedos. No le teme a la muerte, la aguarda.

  • Acepta su destino y no tiene exigencias; podría vivir en un geriátrico pero nadie quiere privarse de su compañía.

  • Su cuerpo envejece armónicamente, la esclerosis del cuerpo físico es soportada con nobleza; eso le otorga lozanía.

  • Celebra el día de su cumpleaños recordando el momento y la época en que llegó al mundo. Celebra la cualidad que posee dicha fecha en relación con su existencia.

  • El espíritu sigue expresándose a través de ese cuerpo físico que envejece, expandiendo la luminosidad del Ser.

  • Vive en sí mismo la libertad plena de su alma y de su espíritu.

  • Es su RENACIMIENTO.

 

He hablado de la polaridad arquetípica ancianidad- vejez; pero sabemos que, como en toda división de lo humano en categorías, nadie se encuentra totalmente involucrado en una sola de tales polaridades. Es raro que la realidad individual sea blanca o negra; en general, es gris claro o gris oscuro. El proceso siempre es gris y se puede dirigir tanto hacia la luz, como a la oscuridad.

 

Deben existir objetivos de vida. El hombre o la mujer, de estas etapas de edades, pueden observar que tienen por delante una gracia divina y esto estimulará su reconocimiento y veneración; no porque la vida sea tan bella, sino porque puede estructurar y analizar la existencia pasada, evaluando así los distintos aspectos de la misma.

 

 

En conclusión:

 

Convertirse en anciano tiene que ver con el desarrollo interior y no con la apariencia externa. Un anciano es un ser que posee sabiduría, compasión, humor, valentía y vitalidad. Es consciente de ser verdaderamente quien es. Sabe expresar lo que experimentó y lo que siente, emprendiendo una acción determinada cuando es necesario. No aparta los ojos de la realidad, ni permite que se le nuble la mente. Puede ver los defectos y las imperfecciones de su propio ser y el de los demás, pero la luz con la que los ve no es severa ni enjuiciadora, sólo con Amor. Ha aprendido a confiar en sí mismo hasta reconocer lo que ya sabe.

 

Para ser un anciano se necesita librarse de los "hubiera o hubiese". Es preciso silenciar las quejas mentales que no tardarán en escapar por nuestra boca en cuanto encuentren la ocasión. Al lamentarnos, no somos capaces de vivir el presente y tampoco somos una compañía grata (ni siquiera para nosotros mismos). En cambio, los quejumbrosos dan por sentado que merecían, y todavía merecen, una vida diferente de la que poseen y no comprenden que a todos nos ha tocado en suerte nuestra parcela de desgracias, como le ocurre al más común de los mortales. Incapaces de mostrar gratitud por lo que ya poseen,  no saben disfrutar del presente.

 

La vida interior va ganando importancia a medida que maduramos. Durante las primeras etapas de nuestras existencias, nos dedicamos a explorar el mundo con los sentidos, dirigimos hacia el exterior, hacia lo que podemos ver, tocar, oler o saborear, cualidades todas ellas que van mermando a medida que pasan los años; hasta que aprendemos a hacerlo hacia nuestro interior. Y es ahí, cuando el dicho " juventud, divino tesoro" comienza a ser una realidad.

 

 

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